¿… y el cántaro?

Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo.» Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando.»
En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?»
La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron de la ciudad e iban donde él.
Jn 4, 25-30

La mujer samaritana había ido a buscar agua… Para un pueblo del desierto, el agua es algo especialmente importante, que no se puede olvidar. Si hace falta el agua, es lo primordial.

Allí, junto al brocal del pozo, con su cántaro y su sudor en la frente (alrededor de la hora sexta, dice el evangelista… es decir, el mediodía), se encuentra con un hombre con el que inicia una conversación curiosa, iniciada casi por cortesía, pero que Jesús va guiando hasta que consigue intrigar a la mujer.

La mujer, dejando el cántaro, corrió a la ciudad…
Jn 4, 28

Pero si había ido a por agua… se vuelve de vacío…???!!!!!

Se acerca a un vecino, a otro, va a la plaza…

Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?
Jn 4, 29

Se ve que en todo el viaje de vuelta a la ciudad no ha pensado demasiado en el cántaro, ni en lo apropiado o no de hablar de este extraño que se ha encontrado en el pozo, ni de cómo explicará a sus vecinos porqué es tan peculiar ese extraño…

Me ha dicho todo lo que he hecho…
Jn 4, 29

Lo terrenal, lo concreto,… el cántaro, ha pasado a un plano en que, ahora, no es tan importante. Ha encontrado alguien que merece la pena conocer… y quiere contarlo a la gente.

Suelen decir que una persona enamorada es capaz de hacer locuras… y en ocasiones lo que nos falta es precisamente un poquito de pasión para con algunas cosas… un poquito de locura.

Perder el miedo que nos atenaza… claro que para ello, la samaritana hablaba de lo que había visto, de lo que había sido testigo.
La importancia del testigo es que habla de lo que ha visto, sabe que es cierto (y su propia experiencia es garantía de ese verdad) y lo cuenta. Y ellos

salieron de la ciudad e iban donde él.
Jn 4, 30

Una oración, para acabar, del dominico Louis Joseph Lebret

¡Oh Dios! Envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman con algo más que con palabras,
de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.

Danos locos, chiflados, apasionados,
hombres capaces de dar el salto en la inseguridad,
hacia la creciente incertidumbre de la pobreza;
que acepten diluirse en la muchedumbre anónima
sin pretensiones de colgarse una medalla,
no utilizando sus cualidades mas que en provecho de sus gentes.

Danos locos, Señor,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes de los que no cuentan para nadie,
amantes de la paz,
puros en su corazón, resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier reto,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
tiernos y fuertes.

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