Donde está el horizonte

Hace un tiempo leí la Alegoría de la carretera de montaña de Juan Masiá. Hoy, releyendo su libro Vivir en la frontera, me he encontrado de nuevo con esta parte:

…había un cuarto grupo, poco numeroso. Fueron los que decidieron seguir caminando, aunque se hiciera de noche. Se cogieron de la mano, para no perderse, ni caer al precipicio; siguieron avanzando los días y noches siguientes; no estaban seguros de lo que se iban a encontrar a la vuelta de cada curva.

He elegido andar. He elegido no llegar a ningún sitio. No quiero llegar a ningún sitio, sino caminar, seguir caminando hacia un horizonte que siempre, siempre está ante mí.
Un horizonte que a cada paso que doy, da un paso atrás. Pero un horizonte que nunca falta a su cita en cada amanecer.

Por la noche, a oscuras, es difícil creer que mi caminar conduce hacia ese horizonte que perdí de vista al anochecer, poco a poco, casi sin darme cuenta.

Y a veces hay que armarse de valor para mantener el paso. Si tienes la fortuna de contar con alguien que avanza junto a ti, puedes confiar en ella… y cogerte bien de la mano para, pase lo que pase, no perderse.

Y poco a poco (confía, poco a poco), el amanecer te va devolviendo ese horizonte que nace hoy de nuevo para ti.

No tengo un destino, pero si me lo preguntas, el mío está en el horizonte.

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