Poco… demasiado poco

Ayer vimos mi hijo y yo una mujer pedía arrodillada a la puerta de un supermercado. Mientras entrábamos, me decía: «¿Después, al salir, le damos dinero, papa?»

Al salir, cogí una moneda para que se la diera él. Me preguntó: «Papá, con esto, ¿qué puede comprar?»

Poco. Demasiado poco.

Me dolió.

Porque mi hijo tenía razón.

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