Una fina lluvia

Esta mañana, una fina lluvia nos ha sorprendido.

Si hubiéramos estado atentos al cielo gris, a las previsiones, a los avisos de otras personas… habríamos estado preparados para esa lluvia que suavemente cala…

Por la calle, veía personas contrariadas por la lluvia, protegiéndose bajo las cornisas, con las chaquetas, encogiendo los hombros y aguantando las gotas que poco a poco resbalan por el cuello…

También veía personas con paragüas. Algunas son previsoras… pero otras son esas agoreras que llevan un paragüas siempre, por si acaso llueve, aunque el cielo evidencie buen tiempo para días…

 

Esta mañana, la realidad nos ha sorprendido.

Si hubiéramos estado atentos a los signos de los tiempos…

 

Nota: la lluvia caída del Cielo en ocasiones es incómoda, causa ciertos escalofríos al resbalar por el cuello… pero sigue siendo lluvia del Cielo, que como dice Isaías (Is 55, 10-11)

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

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